La reapertura escolar, un lamentable mal necesario

Derek Pagán Laboy nos expone el riesgo de la reapertura de los planteles escolares.

Luego de un arduo año en combate con la pandemia, hemos comenzado a aliviar el peso de los contagios y fatalidades por el virus en Puerto Rico. Con la llegada de la vacuna y el seguimiento a las medidas de precaución, el final de esta pesadilla esta comenzando a vislumbrarse. ¿Sin embargo, estas pequeñas victorias son suficiente tendencia para empezar aflojar la rigidez de nuestra realidad? ¿Es correcto iniciar nuestra normalidad? ¿Es verdaderamente el momento para reabrir nuestras escuelas? 

La realidad de esta complejidad es que ninguna contestación es lo suficientemente concreta que permita trazar un plan seguro para la ambición del departamento de educación y el gobernador. Lo que si tiene validez es que mientras mas se pueda aprender en el proceso de apertura que se aproxima, mayor éxito se tendrá en el comienzo oficial en agosto. 

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La pandemia es una problemática con una gran cantidad de variables y medidas cambiantes que imposibilita una ruta persistente hacia la normalidad. Esto es una lucha de altas y bajas que dependiendo de como se encuentre el nivel de las causas, hay que acomodar las necesidades y prioridades en su orden apropiado. Cada etapa de la pandemia ha sido un proceso de educación y entendimiento. A través de esta comprensión, es que hemos ordenado el comportamiento habitual de nuestro día a día. Con esto dicho, es que afirmo que la apertura de nuestras escuelas es un mal necesario. 

Hay que entablar el camino a volver a tomar nuestras clases presenciales. Para tener el mayor éxito en agosto, es importante ver que funciona y que no. Es de suma importancia poder establecer: Cual va ser la dinámica de nuestros salones? Como se van acomodar los estudiantes? ¿Qué horario será el adecuado?  Como va ser el diseño de nuestros espacios? ¿Qué protocolos se pondrán en vigor? ¿Qué medidas se tomarán en caso de un brote? ¿Como será el comportamiento al momento de almorzar en los comedores, donde la mascarilla pierde su validez?  ¿Que se hará con los maestros que no están vacunados?  

Todas estas y muchas más, son las preguntas y los retos que se enfrenta el departamento de educación. Pero, si estas incertidumbres no se combaten ahora de forma escalonada, entraremos en agosto afrontando un escenario a ciegas, en camino a una apertura de mucho mayor escala. Es por eso que, de confirmar la decisión para ir abriendo escuelas, se debe llevar a cabo un proceso gradual de observación, documentación y análisis, que nos brinde una base para futuras aperturas de mayor abundancia.

Cabe destacar que, aunque se proceda esta controversial apertura, salvaguardar la salud física de nuestros estudiantes y maestros debe ser nuestro mayor énfasis. Con los más altos niveles de cautela. Este proceso de experimentación hacia el nuevo escenario escolar, se debe hacer con una matrícula apta para el entendimiento de las nuevas medidas. El transcurso de esta apertura merece la misma atención y prudencia que se le brindo a la apertura económica. Hay que comenzar con la audiencia mas capacitada, ver como funciona, para luego incluir sucesivamente los grados de menor comprensión hasta llegar a un panorama aceptable y seguro para la educación presencial.

Ningún escenario es perfecto, la exposición hacia este virus es una tregua cotidiana, que nos instruye y disciplina diariamente hacia un presente mas habitable. Para lograr la normalidad total, la exposición debe ser igual de importante que la prevención. Por eso es que aun en precaución, la causa por aprender la ruta a nuestro estado habitual es un mal necesario que se debe carear. 

¿La pregunta final es, cuando nos podremos exponer responsablemente?

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