Estímulo a nuestra economía municipal y rural a través del turismo cultural

Columna de opinión del Dr. Eugenio Matías Pérez.

La cultura puertorriqueña es subestimada en ciertos aspectos. Podemos afirmar que Puerto Rico tiene una riqueza cultural de envergadura. Desde parques ceremoniales indígenas, una infraestructura de fortines medievales, la ciudad amurallada más antigua en los Estados Unidos, una historia colonial con haciendas, esclavos, piratas y corsarios -por mencionar algunos atractivos. Por otra parte, diversidad gastronómica y musical, artesanos sobresalientes, artistas de todas clases, en fin, no tenemos nada que envidiarles a países latinoamericanos como Perú o incluso México. Sin embargo, en nuestras montañas existen tesoros silentes que pueden aprovecharse para desarrollar nuestras zonas rurales. 

Existe una economía detrás de la cultura, aunque algunos sectores no simpaticen con la idea. La realidad, el movimiento cultural puede ayudar al desarrollo económico de cualquier región y el caso de Puerto Rico no es la excepción. Según los informes más recientes del “World Travel & Tourism Council” la economía global creció en el 2019 un 2.5% y el turismo creció un 3.5%. A nivel global, uno de cada cuatro empleos está relacionado al turismo y este representa un 10.3% del GDP. En el caso de Puerto Rico, estos exponen que uno de cada diez empleos está relacionado al turismo y que el turismo representa solo el 4.2% de nuestra economía. Ciertamente, Puerto Rico puede hacer más para mejorar estos números significativamente. 

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Con la dirección correcta y el respaldo necesario del Gobierno, Puerto Rico tiene el potencial para convertirse en el epicentro cultural del Caribe. El Instituto de Cultura, la Compañía de Turismo y el Departamento de Desarrollo Económico y Comercial -este último actualmente tiene el programa de desarrollo artesanal- deben tener un rol protagónico en facilitar el desarrollo económico cultural en nuestras zonas rurales. Una ley que formalice los acuerdos colaborativos entre las tres dependencias -una sombrilla- puede adelantar mucho conforme a crear un plan estratégico para expandir la economía cultural rural y crear una estructura sincronizada funcional alrededor de la misma.

Por ejemplo, además de la preservación y conservación de nuestra cultura, se puede estimular el desarrollo económico a través de diversos frentes comerciales y de entretenimiento. Puerto Rico no debe ser tímido en explotar sus riquezas culturales de forma responsable. Reconocemos que el Instituto de Cultura fiscalmente está limitado -tampoco queremos adentrarnos en cómo administrar el Instituto de Cultura, ya que no es el objetivo del este escrito. El Instituto cuenta con un presupuesto limitado de apenas $16 millones al año, una ínfima parte del presupuesto del Instituto de Cultura proviene de sus fondos propios resultado de ventas de taquillas u otros compuestos. Sin embargo, puede incrementarse esta partida si expande su oferta en la venta de más productos culturales a través de los artesanos u otros productos como réplicas exactas de lienzos, esculturas, por mencionar algunas ideas. Y extender la oferta de estos productos a todos los municipios y al exterior. El Instituto de Cultura puede ser más agresivo en este particular y puede tener mayor presencia, así generar más ingresos, incluso a través de fondos federales para promover estas iniciativas en nuestras zonas rurales. 

En cuanto a una cultura rodante -alegóricamente partiendo de las imágenes románticas de aquellos teatros rodantes en Puerto Rico alrededor del 1945- precisamente es lo que llamamos extender la iniciativa a los municipios, en colaboración con las oficinas culturales municipales o entidades pertinentes. Existen municipios cuya oferta de turismo y cultura es deficiente. Sin embargo, se pueden nutrir con eventos culturales en colaboración con turismo y el Instituto de Cultura. Esto inyectaría la economía de estos municipios, incluso se puede calendarizar por temporadas para que el comercio se prepare ante la llegada de estos eventos. De la misma forma que lo hace el Municipio de Ponce con la llegada de las Justas o el Municipio de San Juan con las fiestas de la calle San Sebastián.

Además de fortalecer las alianzas locales, otra ruta a tomar para desarrollar el turismo cultural es fortalecer las alianzas a nivel federal u otros Estados. Las alianzas con otros Estados pueden facilitar que los productos artesanales lleguen a la diáspora. De igual forma, traer eventos culturales externos e internacionales a Puerto Rico y llevarlos a los municipios, en especial aquellos que más necesitan estimular su actividad económica. 

Es necesario una política pública para crear proyectos turísticos culturales comunitarios en las zonas rurales de Puerto Rico. A través de las agencias mencionadas se puede promover y estimular dicho turismo cultural con ferias artesanales, festivales, carnavales, entre otras iniciativas para la montaña. Incluso, pueden complementarse con fondos federales a través de programas como el “USDA Rural Development” para contribuir al desarrollo de estas zonas.

Nuestras zonas rurales no deben excluirse de los proyectos culturales. Actualmente la actividad cultural en la montaña es deficiente. El inyectar estas regiones con actividad cultural y turismo, tendrá como resultado el surgimiento de empleos directos e indirectos en la montaña. Así crear el entorno económico para que surjan microempresas en nuestras comunidades rurales. El turismo cultural es una opción adicional para generar oportunidades, desarrollar estas regiones distantes y enriquecerlas con cultura. 

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